Y creo, no tiene que ver con la falta de conocimientos, tiene que ver con la falta de interés.
Con esa sensación creciente de que hacer las cosas bien ha dejado de ser importante.
Que basta con cumplir, que basta con salir del paso, que basta con que otro termine resolviendo aquello que nosotros no hemos querido asumir.
Trabajo en un entorno donde el aprendizaje debería ser algo natural. La sanidad cambia constantemente, los cuidados también y el paciente por supuesto.
Los conocimientos evolucionan, pero las necesidades de los pacientes también.
Sin embargo, cada vez escucho con más frecuencia una frase que me resulta difícil comprender:
"¿Para qué?"
¿Para qué formarme?
¿Para qué aprender algo nuevo?
¿Para qué implicarme más?
¿Para qué esforzarme si nadie lo reconoce?
Y aunque entiendo el cansancio que muchas veces hay detrás de esas palabras, sigo pensando que existe una diferencia entre sentirse agotado y dejar de sentir responsabilidad.
Porque cuando dejamos de aprender, no nos estancamos únicamente nosotros.
También se empobrece la calidad del cuidado que ofrecemos.
Hay algo profundamente valioso en seguir siendo curioso, en seguir haciéndose preguntas.
En seguir queriendo comprender mejor aquello que hacemos cada día.
No porque vayamos a recibir un premio, ni porque nos lo exijan, sino porque detrás de nuestro trabajo hay personas.
Personas que depositan en nosotros su confianza, y que esperan profesionalidad. Que esperan humanidad, presencia.
Quizá soy ingenua, pero sigo creyendo que una parte importante de la dignidad profesional consiste en no conformarse, y en mantener viva la inquietud por mejorar.
En seguir aprendiendo incluso cuando nadie nos obliga.
En seguir cuidando los detalles cuando nadie nos observa.
Porque el verdadero profesionalismo no aparece cuando nos supervisan.
Aparece cuando nadie mira.
Y aun así decidimos hacer las cosas lo mejor posible.
No por perfeccionismo, ni por exigencia, sino por respeto hacia nuestro trabajo y sobre todo respeto hacia quienes atendemos.
Y por supuesto, respeto hacia nosotros mismos.
Me pregunto si el problema no es la falta de formación, sino el hecho de haber olvidado que aprender también es una forma de cuidar.
Y que cuando dejamos de crecer profesionalmente, algo dentro de nosotros también deja de crecer.




