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viernes, 12 de junio de 2026

Humanizar el cuidado

Hoy no vengo solo como profesional de enfermería.

Hoy vengo también como alguien que ha estado al otro lado de la cama..

y os aseguro que esa experiencia cambia la forma de cuidar para siempre.

Cuando eres enfermera o técnico en cuidados de enfermería, sabes hacer muchas cosas bien: técnicas, protocolos, procedimientos.
Pero cuando te conviertes en paciente, descubres algo que no aparece en ningún manual:
cómo se siente realmente una persona cuando pierde el control de su cuerpo, de su tiempo y, a veces, de su voz.
Y ahí entendí que la humanización no es un añadido al cuidado.
Es el cuidado.
Cuando entramos en una habitación, para nosotros es “una más” del turno.
Para esa persona, puede ser el peor día de su vida.
Y no es un número, no es un diagnóstico, no es una cama.
Es alguien con miedo, con historia, con familia, con preguntas que quizá no se atreve a hacer.
Como paciente aprendí que algo tan simple como que alguien se presente, te mire a los ojos y te llame por tu nombre…
te devuelve un poco de dignidad cuando todo lo demás parece haberse perdido.
Humanizar empieza ahí.
En cómo entramos, en cómo miramos, en cómo hablamos.
No cuesta tiempo.
Cuesta conciencia.
Muchas veces se dice:
“Es que no hay tiempo para pararse”.

Y yo os digo, desde haber estado en la cama: la empatía no retrasa el trabajo, lo mejora.

Un paciente escuchado confía más. Un paciente comprendido colabora más. Un paciente tratado con respeto sufre menos. La empatía no es cargar con el dolor del otro. No es llevarnos el sufrimiento a casa. Es algo mucho más sencillo y más profundo: reconocer que el dolor del otro existe y es válido.
Como paciente recuerdo perfectamente cómo me hablaron.
No recuerdo todos los nombres, ni todos los tratamientos.Pero sí recuerdo el tono.El silencio respetuoso. La prisa o la calma.
Porque os digo una cosa muy clara: la forma en que hablamos también cura… o hiere.
Explicar es cuidar.
Nosotros sabemos mucho.
Pero cuando estás en una cama, a veces no entiendes nada. El paciente no entiende nada..
Todo es nuevo, todo asusta, todo suena grave.
Hablar claro, con palabras sencillas, comprobar que la persona ha entendido…
eso no nos quita profesionalidad. Nos hace mejores profesionales.
Porque informar no es soltar datos. Es asegurarse de que el otro se siente seguro.
Y luego está algo muy importante: acompañar sin juzgar.
Como paciente aprendí que el juicio duele más que la enfermedad.
Una mirada, un comentario fuera de lugar, una frase dicha sin pensar…
puede quedarse grabada durante años.
No sabemos qué historia trae cada persona cuando entra por la puerta.
No sabemos qué batallas ya viene luchando.
Nuestro trabajo no es corregir vidas, es sostener personas.
Humanizar también es escuchar la voluntad del paciente.
Respetar sus tiempos, sus decisiones, sus miedos.
Incluirle no nos quita autoridad.

Nos la da.

Porque cuidar no es imponer.
Es caminar al lado.
Y quiero detenerme en algo que, como paciente, se vive con mucha intensidad:
la intimidad y la dignidad.
Una sábana mal puesta.
Una conversación en voz alta.
Una puerta que no se cierra.
Son detalles pequeños para quien tiene el control.
Pero enormes para quien está vulnerable.
La dignidad no se pierde por estar enfermo.
Al contrario.
Se vuelve más frágil y más sagrada.
Y es nuestra responsabilidad protegerla, incluso cuando la persona no puede hacerlo por sí misma.
La familia también importa.
Cuando estás enfermo, la presencia de los tuyos no es un capricho.
Es apoyo, es calma, es sentido.
Humanizar es entender que el paciente no viene solo.
Detrás hay personas que también sufren y necesitan ser tenidas en cuenta.
Y quiero cerrar con algo muy importante para quienes empezáis ahora.
La técnica se aprende.
Los protocolos se estudian.
La experiencia llega con el tiempo.
Pero la humanización…
la humanización se elige cada día.
Se elige cuando estás cansado.
Cuando tienes prisa.
Cuando el turno pesa.
Se elige recordar que, algún día, cualquiera de nosotros puede estar al otro lado.
Y cuando un profesional ha sido paciente, entiende algo que ya no se olvida nunca:
que lo que deja huella no es solo lo que hacemos,
sino cómo hacemos sentir a la persona que cuidamos.
Ojalá nunca perdáis eso.
Porque ahí está la esencia más hermosa de nuestra profesión.
Gracias

jueves, 11 de junio de 2026

Volver a Mi refugio


Hace dieciseis años abrí este blog como quien abre una ventana.

Aquí quedaron pensamientos, emociones, aprendizajes y fragmentos de una etapa de mi vida que hoy miro con cariño. Durante mucho tiempo permaneció en silencio, pero nunca desapareció.

La vida siguió su curso. Aprendí a cuidar desde la sanidad, a acompañar desde el mindfulness, a escuchar desde el silencio del Yoga Nidra y a descubrir que el bienestar no es un destino, sino una práctica diaria.

Hoy regreso a este espacio con la misma esencia, aunque con una mirada más amplia.

Sigo creyendo en las personas, en las conversaciones que sanan, en la importancia de sentir y en la capacidad que tenemos para transformarnos.

Este refugio ya no será exactamente el mismo.

Y yo tampoco.

Pero quizás por eso tiene sentido volver.

Bienvenidos a esta nueva etapa.

— Merche

Acompañamiento 

miércoles, 7 de abril de 2010

Un pequeño homenaje..


Hola a todos..

Esta semana Santa, difícilmente se me olvidará, y ya para siempre estos días quedarán marcados por un triste aniversario: se ha ido el abuelo Isolino, con casi 94 años ( los cumpliria el dia 10), y después de 8 largos meses de lucha.

Me dijo una persona en estos días, que los abuelos, son nuestros grandes amores. Éste sin duda lo era. Era uno de mis grandes amores. Quizás una de las personas de la que más cosas he aprendido, y de las que más ha influído en mí a la hora de ser como soy. Él y la abuela, los dos.

Hombre de campo, de carácter fuerte, de grande embergadura, pero con el alma y el corazón de un niño. Amante de la música, de toda la buena música, aunque lo suyo eran las Bandas. A más de un director de orquesta puso colorado, al decirle cuál intrumento y en que parte de la pieza se había equivocado de nota. Un oído y una memoria musical asombrosas.

Hasta estos últimos meses, la música realmente le embelesaba. Era lo único que hacía cambiar su aspecto y su expresión. Amante del dulce. Todo lo dulce le encantaba y comía a placer, fué de estas generaciones que no conoció el colesterol ni el azúcar alto.

Me encantaba escuchar sus historias, las de la guerra, las de sus tiempos mozos, como conquistó a mi abuela, y a ella revatirle la mitad de las palabras llamándole "badulaque"..cuando escuchas esto en un matrimonio que llevan juntos casi 70 años, no te queda más que reirte, y verlo de una forma entrañable.

Despedir a un ser querido, cercano, no es fácil. Pero el legado, la lección, la huella que deja mi abuelo, es una mezla, de dolor, melancolía y agradecimiento, por haber tenido el privilegio de disfrutar de un ser asi durante tantos años.

Agradecimiento también que desde aquí expreso a la vida, por estar rodeada de tanta y tanta gente que me aprecia y da lo mejor de sí.

Muchisimas gracias a todos los que esruvisteis allí a mi lado, cerca, en cualquiera de las formas que se puede estar. No me refiero sólo a estar físicamente. La energía y los buenos deseos llegan de un lugar a otro solo con desearlo. Y yo así lo he sentido.

D.E.P Abuelo, cada vez que vuelva a entonar el Miudiño, sonreiré y me acordaré de tu pregunta siempre : "Ti fas a alta e eu a baixa ou facemos ó revés??"

Te quiero.